
Labores de rescate tras el terremoto de L'Aquila, Italia, abril de 2009. El arquitecto Jorge Lobos, de Emergency Architecture & Human Rightsk, recuerda que «fue de grado 5,9 y destruyó casi toda la ciudad antigua, en cambio el sismo de Concepción (2010, Chile) fue de grado 8 y derribó poquísimos edificios en una ciudad de dos millones de habitantes, gracias a la normativa sísmica». © Wikimedia Commons.
Cuando tu profesión salva vidas: el papel de la arquitectura en las catástrofes naturales y humanitarias
Un terremoto derriba una ciudad en segundos. Un río se desborda y borra de golpe poblaciones que tardaron décadas en construirse. Un volcán obliga a 5.000 personas a abandonarlo todo en cuestión de horas. ¿Qué respuesta puede dar la arquitectura ante estas catástrofes? El 80% de esas tragedias eran predecibles. Y evitables. ¿Por qué la arquitectura sigue llegando tarde en la prevención? ¿Y qué puede hacer el día después? Hablamos con el arquitecto Jorge Lobos, cofundador de Emergency Architecture & Human Rights.
Arquitectura humanitaria: ¿una disciplina que llega tarde?
El arquitecto chileno Jorge Lobos, cofundador del colectivo Emergency Architecture & Human Rights (EAHR), lleva años trabajando en los lugares donde la arquitectura es cuestión de vida o muerte: zonas de conflicto, campos de refugiados, ciudades que han sobrevivido a un terremoto o que no lo han hecho. Su diagnóstico es incómodo: el problema no está en la falta de recursos ni de tecnología, sino en la falta de preparación de la propia profesión.
La organización, fundada en 2015 en Dinamarca, con sedes en Santiago de Chile y Roma, ha llevado a cabo proyectos humanitarios en Europa, África, Oriente Medio y América del Sur. Entre sus actuaciones más conocidas, el diseño de una escuela en el campo de refugiados de Za'atari, en Jordania, construida con materiales locales y con la propia comunidad como coautora.
Desde Escola Sert hablamos con Lobos para entender qué puede hacer la arquitectura ante las catástrofes, para evitarlas y para hacerles frente.
«Más del 80% de las tragedias humanitarias son predecibles. No ocurren por sorpresa: ocurren porque no existe una respuesta arquitectónica anticipada»

Sistema de vivienda temporal en Lviv (Ucrania) para personas desplazadas por la guerra. Los paneles ligeros de poliestireno recubierto de fibra de vidrio pueden ser montados sin mano de obra especializada. © Shigeru Ban Architects.
Una visión crítica del papel actual de la arquitectura
«Más del 80% de las tragedias humanitarias son predecibles. No ocurren por sorpresa: ocurren porque no existe una respuesta arquitectónica anticipada», apunta el arquitecto chileno. Un punto de partida para mejorar sería incorporar a los planes urbanísticos zonas de protección para emergencias y que las normas constructivas se actualicen tras uno de estos episodios.
El experto también recuerda a la población que vive en zonas de alto riesgo de catástrofe natural: «hay 4.000 millones de seres humanos que podrían beneficiarse de soluciones por parte de la arquitectura».
Lobos recuerda un caso muy paradigmático: el del huracán Katrina que devastó Nueva Orleans en 2005. «Allí se estableció por norma que todas las viviendas nuevas debían construirse con la planta baja elevada tres metros, reservando ese espacio para parking y almacenamiento», apunta el cofundador de EAHR. Una medida simple, pero que puede marcar la diferencia cuando llegue el próximo huracán.
En una escala más estratégica, proyectos como el BIG U de Bjarke Ingels Group en Nueva York —diseñado como respuesta a las inundaciones del huracán Sandy en 2012— demuestran que arquitectura y urbanismo pueden anticipar y mitigar catástrofes futuras. La barrera de defensa costera que protege la punta sur de Manhattan ha inspirado planes similares en San Francisco y Miami. Son muestras claras de cómo incorporar la arquitectura de emergencia a la planificación urbana resiliente.
Lobos identifica cuatro categorías de emergencias en las que la arquitectura tiene mucho que decir:
- los desastres naturales: terremotos, inundaciones, incendios...
- las emergencias producidas por el ser humano: conflictos sociales, guerras, genocidios...
- las crisis climáticas, que define como «emergencias naturales inducidas por el hombre»
- las pandemias, categoría en la que hasta 2020, con el COVID-19, volvió a ponerse de total actualidad.
«La media real de vida de un campo de refugiados es de 17 años, no los habituales siete que citan muchas organizaciones»

El proyecto The Big U propone dividir el perímetro del bajo Manhattan en tres sectores que funcionan de forma independiente contra las inundaciones, combinando muros costeros, terraplenes y superficies de drenaje natural con equipamientos públicos. El proyecto nació del concurso Rebuild by Design convocado tras el huracán Sandy de 2012. The Big U, BIG-Bjarke Ingels Group + ONE Architecture, Nueva York. © BIG-Bjarke Ingels Group.
Los arquitectos ante las emergencias
Todo este panorama apunta a una transformación profunda del rol profesional. Lobos habla de al menos «tres nuevos perfiles que la arquitectura necesita asumir»:
- El arquitecto como constructor de democracia, que incorpora la participación ciudadana al proceso de diseño.
- El arquitecto como creador de colectividad, que trabaja con sistemas abiertos donde la comunidad es co-autora.
- El arquitecto como activista cultural, que se implica en los procesos sociales desde dentro.
Esta transformación exige también un cambio en la enseñanza. «La formación especializada en arquitectura humanitaria sigue siendo una rareza en los planes de estudio», se lamenta el arquitecto y prosigue señalando que «cuando una ONG necesita construir una estructura en zonas de conflicto, el trabajo lo acaba haciendo la enfermera de turno o el recién graduado en derecho que hace prácticas en África».
Para adaptarse a estos contextos de crisis, hace falta repensar el papel del sector, según explica Lobos, quien cree que «el desafío es cómo movemos la arquitectura desde el arte a la sociología sin perder los valores del arte».
El arquitecto chileno también introduce otros puntos para la reflexión crítica: «más del 94% de los arquitectos del planeta viven concentrados en los países más ricos, en las ciudades más prósperas y en los barrios más acomodados». Señala el caso de Chad: en 2014 solamente había 12 arquitectos en un país de 12 millones de habitantes y una decena de estos profesionales pertenecían a organizaciones internacionales y podían marcharse en cualquier momento.
Para Lobos, datos como este señalan que «el conocimiento acumulado durante siglos de práctica arquitectónica no llega a quienes más lo necesitan».
Lobos considera que los problemas no se centran en la falta de dinero o recursos, recuerda que para muchas emergencias se han recogido fondos suficientes, como en el caso del tsunami de 2004 en el sudeste asiático. En cambio, pone el foco en la «falta de preparación profesional» y hace un llamamiento a la conciencia del sector: «los arquitectos no podemos aislarnos del mundo en un momento en que hay guerra en Líbano, Gaza, Yemen, Irán…».
«Más del 94% de los arquitectos del planeta viven concentrados en los países más ricos, en las ciudades más prósperas y en los barrios más acomodados»

Construcción de vivienda de bajo coste con estructura de bambú y caña en el distrito de Dadu (provincia de Sindh, Pakistán), proyecto de Shigeru Ban Architects y VAN en respuesta a las inundaciones de 2022. © Shigeru Ban Architects.
Respuesta inmediata y planificación
Más allá de estos llamamientos a una reflexión crítica, Lobos aporta su experiencia en cómo la arquitectura puede dar respuestas a estas catástrofes naturales y humanitarias. El experto señala dos niveles de respuesta:
- Respuesta inmediata: donde se deben desplegar estructuras en pocas horas para garantizar la supervivencia en las horas inmediatamente después de la catástrofe.
- Mitigación y reconstrucción: conviene pensar los entornos de emergencia no como soluciones transitorias, sino para que la comunidad afectada recupere la normalidad.
En su trayectoria, este arquitecto ha analizado varias catástrofes de diverso perfil como el terremoto de L’Aquila en Italia (2009), la erupción volcánica de Chaitén en Chile (2008), la guerra civil en Sri Lanka (1983-2009) y la amenaza del cambio climático sobre las islas Maldivas.
Lobos explica que «cada caso reveló algo fundamental: las soluciones puramente técnicas fracasan si no se entienden la geografía, la cultura y la economía del lugar».
Por ejemplo, en el caso de los terremotos, considera fundamental una normativa arquitectónica lo más actualizada posible. Pone el citado ejemplo de L’Aquila, «fue de grado 5,9 y destruyó casi toda la ciudad antigua, en cambio el sismo de Concepción (2010, Chile) fue de grado 8 y derribó poquísimos edificios en una ciudad de dos millones de habitantes, gracias a la normativa sísmica».
Otro ámbito donde incide Lobos es en los campos de refugiados. Diseñados para durar meses, se convierten en realidad en ciudades de cientos de miles de personas durante años. El fundador de EAHR aporta un dato actualizado: «la media real de vida de un campo de refugiados es de 17 años, no los habituales siete que citan muchas organizaciones. El dato sube por los campos palestinos de Líbano, Jordania o Siria, activos desde hace más de 80 años».
«Con 17 años viviendo en un campo de refugiados tienes una generación educacional perdida», se lamenta. Para buscar soluciones, su propuesta es «tratar estos espacios desde el principio como lo que son: ciudades en potencia que necesitan planificación urbana real». También considera que puede ayudar si se plantean como una oportunidad para las comunidades que los acogen «podrían compartir las escuelas, los hospitales y las infraestructuras que se construyen para los desplazados».
«El desafío es cómo movemos la arquitectura desde el arte a la sociología sin perder los valores del arte»

Tras el terremoto de la península de Noto en enero de 2024, Shigeru Ban y el Voluntary Architects' Network construyeron este conjunto de viviendas temporales en Suzu (Japón) utilizando DLT, una madera laminada ensamblada sin colas ni clavos —solo con tacos de madera— que permite una construcción rápida con recursos locales. © Shigeru Ban Architects.
Organizaciones que trabajan en arquitectura de emergencia
La arquitectura de emergencia no es solo una idea: al margen de las grandes organizaciones humanitarias internacionales o del trabajo de Jorge Lobos y de EAHR , hay entidades que la practican desde hace décadas en zonas de conflicto, tras desastres naturales y en campos de refugiados de todo el mundo. Estas son algunas de las más activas:
- Shigeru Ban / Voluntary Architects' Network (VAN). El arquitecto japonés Shigeru Ban, fundador de la Voluntary Architects' Network, lleva más de tres décadas aplicando su conocimiento de materiales reciclables —especialmente papel y cartón— para construir refugios de alta calidad y bajo coste para víctimas de desastres en todo el mundo. Su trabajo en zonas de desastre abarca más de 30 años en países como Japón, Turquía, India, Ruanda, Sri Lanka, China, Haití y Nepal. En 2014 recibió el Premio Pritzker precisamente por este compromiso
- Architectes Sans Frontières International (ASF). Una red colaborativa de ONG que agrupa a más de 20 organizaciones independientes. Opera en dos grandes áreas: respuesta a desastres y desarrollo comunitario a largo plazo. Tiene capítulos en decenas de países, incluida España, y trabaja habitualmente en coordinación con UN-Habitat
- Habitat for Humanity. Creada en 1976, trabaja en más de 70 países y desde su fundación ha ayudado a más de 29 millones de personas a acceder a una vivienda digna. Además de proyectos de vivienda asequible, cuenta con un programa específico de respuesta a desastres. Sus proyectos no se limitan a la respuesta inmediata: incorporan estrategias de reconstrucción que se extienden durante años.
- Open Architecture Collaborative. Surgió tras la quiebra de Architecture for Humanity en 2015, recogiendo los 16 años de experiencia acumulada por esa organización pionera. Su filosofía se basa en el diseño participativo, con el compromiso de la comunidad como eje central, especialmente para poblaciones marginadas. Opera principalmente a escala local y con proyectos de pequeño formato.

Render del tramo del tramo del East Side del proyecto Big U en Manhattan, que combina infraestructuras técnicas de protección frente a inundaciones con equipamientos. The Big U, BIG-Bjarke Ingels Group + ONE Architecture, Nueva York. © BIG-Bjarke Ingels Group.
Arquitectura y urbanismo frente al riesgo climático
Más allá de la respuesta humanitaria inmediata, hay una corriente creciente de proyectos y organizaciones que trabajan en la anticipación y mitigación de catástrofes climáticas desde el diseño urbano y arquitectónico. Algunos referentes:
- BIG U / Rebuild by Design. (Nueva York). El BIG U, el proyecto citado por Jorge Lobos, es una cinta protectora de 10 millas alrededor del bajo Manhattan, diseñada en tres compartimentos interconectados adaptados a las necesidades de cada barrio. Nació del concurso Rebuild by Design, convocado por el gobierno federal tras el huracán Sandy de 2012. El equipo recibió 335 millones de dólares para aumentar la resiliencia del bajo Manhattan protegiéndolo de futuras mareas de tormenta, mientras generaba beneficios sociales y medioambientales para la comunidad local. El modelo ha inspirado iniciativas similares en San Francisco y Miami.
- 100 Resilient Cities. La Fundación Rockefeller lanzó el programa en 2013 para apoyar la transformación de instituciones y operaciones municipales en 100 ciudades de todo el mundo, con el objetivo de que pudieran sobrevivir, adaptarse y crecer ante tensiones crónicas y shocks agudos. El programa incorporó una definición amplia de resiliencia que va más allá de las emergencias puntuales: incluye cambio climático, migración, conflictos y pandemias como factores interrelacionados. Aunque el programa cerró en 2019, su red de Directores de Resiliencia urbana sigue activa en decenas de ciudades.
- GFDRR (Global Facility for Disaster Reduction and Recovery). Iniciativa del Banco Mundial que trabaja con más de 400 organizaciones en la reducción del riesgo de desastres. Publica las normas de referencia para edificaciones resilientes y financia proyectos de reconstrucción poscatástrofe en países en desarrollo. Es el marco normativo de referencia para muchos de los proyectos de arquitectura de emergencia a escala de ciudad.
- Bangladesh: arquitectura adaptativa ante inundaciones. En un país donde el 60% de la población está en riesgo de inundaciones, la arquitectura tradicional se está adaptando a la crisis climática: la tendencia es construir casas con materiales ligeros y modulares que puedan desmontarse y trasladarse cuando el agua sube. La clave no es luchar contra la naturaleza, sino adaptarse a ella. Un modelo de arquitectura vernácula resiliente que apunta en la misma dirección que Lobos: las soluciones técnicas fracasan si no entienden la geografía y la cultura del lugar.
Una arquitectura para todos
A pesar de todas estas iniciativas, muchas ya veteranas y con amplia experiencia en todo el planeta, Lobos considera que la respuesta a las crisis «es una responsabilidad estructural de la arquitectura que durante demasiado tiempo ha permanecido invisibilizada». También añade que la relación entre la profesión y estas situaciones de emergencia «no debe ser un nicho académico, ni una especialización opcional».
En un mundo donde las catástrofes serán más frecuentes, más intensas y más desiguales en su impacto, la arquitectura tiene mucho que decir y la respuesta a estas emergencias puede ser una excelente ocasión para repensar la profesión desde otra óptica.
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