Desde la ventana, la mirada se orienta hacia el interior de manzana: una Barcelona silenciosa donde las antiguas chimeneas industriales aún conviven con las viviendas. (Bea Schulze)
La ciudad invisible que esconde el Eixample
La fotógrafa Bea Schulze impulsa 'Ànima Interior', un proyecto documental centrado en uno de los legados arquitectónicos más singulares de la capital y de la filosofía ideada por Ildefons Cerdà: los interiores de manzana de los edificios del Eixample.
Hay una Barcelona que no se ve desde las calles. La cara oculta de sus edificios esconde, en muchas ocasiones, una ciudad silenciosa y compartida donde los vecinos y vecinas que la habitan tienen muchas historias que contar.
En los interiores de manzana del Eixample, lejos del ruido de los coches, no se vive el ritmo de una ciudad moderna y contemporánea como Barcelona. Aquí, detrás de las fachadas, se resguarda un espacio singular donde el silencio, la vegetación, la arquitectura y las relaciones personales encarnan la idea de viviendas concebida por Ildefons Cerdà: espacios abiertos, saludables y que favorecen la convivencia.
Los interiores de manzana del Eixample son espacios de transición entre el mundo más privado y el colectivo. Estos paisajes domésticos forman parte de un ambicioso archivo visual y humano que mantiene vivo el espíritu del pensamiento de Cerdà.

Desde el balcón, el interior de manzana se revela como un oasis verde: uno de los patios más frondosos del Eixample, visto desde casa. (Bea Schulze)
Mirar hacia adentro
Especializada en arquitectura e interiorismo, la fotógrafa Bea Schulze aporta una nueva mirada sobre esta ciudad invisible que, paradójicamente, llena de vida los interiores del Eixample y recupera este patrimonio.
Y lo hace con Ànima Interior, un proyecto fotográfico y documental que, de la mano de la Associació de Comerciants de la Rambla de Catalunya, quiere poner en valor el patrimonio urbano más importante de este distrito barcelonés.
«Siempre me ha fascinado que en el Eixample exista una ciudad paralela, silenciosa y casi invisible desde la calle», explica. «La primera vez que entré en un piso con vistas a un interior de manzana sentí algo muy potente: mirabas hacia afuera, pero en realidad mirabas hacia adentro. Dentro de la arquitectura, pero también dentro de la vida de las personas», recuerda Schulze.
Ànima Interior nace precisamente de esta intuición. El proyecto busca definir los interiores de manzana no solo como espacios entre edificios, sino como escenarios cotidianos donde arquitectura y vida se relacionan mutuamente. «La arquitectura no es solo una cuestión estética o urbanística; condiciona cómo vivimos, cómo nos relacionamos y cómo construimos comunidad», afirma la fotógrafa.
«Desde la calle, el Eixample parece muy uniforme, pero cuando entras en los interiores descubres mundos completamente diferentes»

Desde la terraza, la vista se abre sobre los tejados y las fachadas del Eixample: la cara más conocida de un barrio que esconde otra ciudad en su interior. (Bea Schulze)
Sensación de comunidad
El proyecto Ànima Interior quiere documentar y hacer visible esta ciudad interior que mantiene parte de la idea comunitaria imaginada por Cerdà, «aunque han evolucionado enormemente», explica Schulze. «Hoy encontramos jardines vecinales, escuelas, talleres, patios domésticos o espacios híbridos que reflejan las diferentes capas históricas y sociales de Barcelona», añade.
Y también momentos clave de la historia reciente de las familias vecinas. Por ejemplo, el confinamiento derivado de la pandemia reforzó, según la fotógrafa, esta dimensión colectiva. «Mucha gente me hablaba de cómo los interiores de manzana se convirtieron en espacios de encuentro durante aquellos meses: había conversaciones entre balcones, celebraciones improvisadas y una sensación de comunidad a pesar del aislamiento.»
«Mirabas hacia afuera, pero en realidad mirabas hacia adentro. Dentro de la arquitectura, pero también dentro de la vida de las personas»

Desde el balcón, la cara oculta de los edificios: galerías, ropa tendida y ventanas que dan al interior de manzana, donde transcurre la vida cotidiana del vecindario. (Bea Schulze)
Arquitectura cotidiana
Como parte del programa de Barcelona 2026 Capital Mundial de l’Arquitectura, Ànima Interior da voz a las historias de sus habitantes. Unos relatos que toman forma y salen, más allá, de sus dormitorios o patios pasando por el objetivo de la cámara fotográfica de Schulze.
El proyecto es una exploración de este patrimonio urbano discreto y esencial para la identidad de este barrio, y parte de las historias personales de sus habitantes. Vecinos y vecinas participan voluntariamente abriendo las puertas de su casa para ser retratados en sus viviendas, siempre con la mirada orientada hacia el interior de manzana.
«Cada ventana cuenta algo sobre quien vive detrás», dice Bea Schulze. «Las plantas, los objetos, la manera de ocupar el espacio o incluso el silencio forman parte de una narrativa doméstica muy rica», sonríe.
Vida compartida y distancia
Uno de los vecinos que participa en la muestra, que reside en un icónico edificio racionalista de Josep Lluís Sert de la calle Rosselló 36 (proyectado en 1929 y declarado BCIN), explica que lo que hace especial vivir en una manzana del Eixample es esa mezcla de vida compartida y distancia. «Oyes ecos de conversaciones, música, rutinas de los vecinos y vecinas, pero sin interactuar directamente». En realidad, cree, cada ventana cuenta una pequeña historia y todo junto construye una identidad colectiva sutil, pero muy presente.
Más allá de la dimensión artística, Ànima Interior asume también una clara voluntad documental. «No quería limitarme a fotografiar arquitectura. Quería documentar formas de habitar, memorias y relaciones cotidianas», explica la fotógrafa. «Cada retrato funciona como una pequeña cápsula de memoria colectiva.» Por eso, cada imagen se complementa con un relato íntimo sobre su experiencia de vivir el Eixample, convirtiendo cada patio interior en un espacio de memoria, pertenencia y vida compartida.
«La arquitectura no es solo una cuestión estética o urbanística; condiciona cómo vivimos, cómo nos relacionamos y cómo construimos comunidad»

La chimenea de ladrillo de la antigua Fábrica Lehmann, una fábrica instalada en 1893 en un interior de manzana del Eixample, aún se alza entre los tejados. Hoy el conjunto fabril es un espacio de creación. (Bea Schulze)
La diversidad oculta del Eixample
Más allá del registro visual, este proyecto fotográfico y vital acaba siendo una reflexión sobre la capacidad de la arquitectura para condicionar las formas de convivencia. Uno de los aspectos que más ha sorprendido a la fotógrafa durante el proceso es la diversidad arquitectónica existente dentro de una red urbana aparentemente homogénea.
«Desde la calle, el Eixample parece muy uniforme, pero cuando entras en los interiores descubres mundos completamente diferentes», explica. Hay interiores exuberantes que funcionan casi como oasis urbanos; otros mantienen trazas industriales; algunos son espacios densos y mineralizados, mientras que otros se construyen a partir de pequeñas apropiaciones domésticas y vegetales.
Para Bea Schulze, esta heterogeneidad es precisamente una de las grandes riquezas del Eixample. «Dentro de un mismo distrito conviven diferentes épocas constructivas, lenguajes arquitectónicos y formas de vivir. De alguna manera, se podría entender la historia de Barcelona observando estos interiores y las personas que los han habitado.»
Hoy, añade, «encontramos patios convertidos en jardines vecinales, escuelas, aparcamientos, talleres o simplemente espacios domésticos llenos de vida cotidiana. Algunos mantienen una dimensión comunitaria muy fuerte y otros reflejan más bien la intimidad de quienes los habitan. Precisamente, esta transformación me parece interesante. Los interiores de manzana son como organismos vivos que han ido absorbiendo las diferentes capas históricas y sociales de Barcelona».
En este sentido, Ànima Interior no solo documenta un patrimonio físico, sino también una manera de relacionarse con la ciudad. Una Barcelona interior que sigue latiendo detrás de las fachadas y que mantiene, todavía hoy, parte de la ambición urbana y social imaginada por Cerdà en 1859.
Quería resolver los problemas de densidad, insalubridad y falta de espacios verdes de una ciudad aún amurallada. Su reto era reinventar los espacios y crear interiores de manzana llenos de espacios abiertos y verdes, con jardines comunitarios y zonas de esparcimiento. Todo para que entrara la luz, el aire y hubiera mejor calidad de vida.
Las manzanas de estos edificios del Eixample no debían construirse por completo: solo dos o tres lados tenían que estar edificados, dejando el centro libre.
Cómo acabaron... eso ya es otra historia.
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