La IA acorta el salto entre el plano técnico y la visualización del proyecto. (Magnífic)
Del boceto al render en segundos: así trabajan hoy los arquitectos con IA
Cuatro voces del sector nos explican cómo la inteligencia artificial ha transformado los flujos de trabajo en arquitectura, como la realización de un boceto en papel o la elaboración del anteproyecto con mediciones. Tareas que antes consumían mucho tiempo, desde el primer esbozo hasta el anteproyecto con medidas, ahora pueden hacerse en horas.
Hace apenas tres años, la pregunta era si la inteligencia artificial tenía algún papel real en la práctica arquitectónica. Hoy la cuestión es quién no la usa todavía y por qué. Según el informe The State of AI in Architecture, elaborado por Chaos y Architizer, el 46% de los estudios ya integra herramientas de IA en algún punto de su flujo de visualización. Otro 24% prevé incorporarlas próximamente y el 74% espera aumentar su uso en los próximos doce meses.
Entre usar una herramienta de forma ocasional como ayuda puntual y rediseñar el flujo de trabajo del estudio en torno a ella hay una distancia enorme. Para explorar esa distancia, hablamos con cuatro profesionales que están en el centro de este cambio: David Parra, arquitecto y divulgador especializado en IA; Alex y Mireia Palazón, cofundadores de Armox, una plataforma de IA creativa para arquitectura; y Vicente Molina, arquitecto y docente de Escola Sert.
«Un arquitecto puede pasar semanas desarrollando un concepto, pero luego necesita días, a veces semanas, solo para comunicarlo visualmente a un cliente. Vimos que la IA generativa podía comprimir ese proceso de días a segundos».

Cuando el cliente llega con imágenes generadas por IA, el arquitecto ejerce de 'curator' y educador: sabe qué vale, qué no y por qué. (Magnífic)
Al principio, fue la imagen
Para la mayoría de arquitectos, la IA llegó por la puerta visual. Así lo recuerda David Parra: «Siempre me había apasionado el mundo de la imagen dentro de la arquitectura, y fue Midjourney el que captó mi atención, con todo aquel potencial de creación de imágenes en segundos. Por lo tanto, me encontré con la inteligencia artificial más por curiosidad que por necesidad».
Hasta la eclosión de estas herramientas, la visualización arquitectónica había sido uno de los cuellos de botella más costosos del sector. Renderizar una imagen fotorrealista con herramientas tradicionales (V-Ray, Enscape, Lumion) exigía hardware potente, horas de cómputo y, en muchos casos, externalizar el trabajo a un estudio de infografía.
Alex y Mireia Palazón, que fundaron Armox precisamente para atacar ese problema, lo describen sin ambages: «un arquitecto puede pasar semanas desarrollando un concepto, pero luego necesita días, a veces semanas, solo para comunicarlo visualmente a un cliente. Vimos que la IA generativa podía comprimir ese proceso de días a segundos».
Los responsables de Armox explican que, ahora, han visto un cambio respecto a lo que habían previsto inicialmente cuando se comenzó a emplear la IA: «pensábamos que la herramienta se usaría principalmente para producir renders finales de presentación, pero muchos estudios la utilizan ya en la fase conceptual».
Alex y Mireia Palazón cuentan cómo los estudios «suben bocetos a mano o croquis rápidos y generan variaciones estilísticas para explorar direcciones de diseño antes de abrir siquiera el software CAD». Así que se puede decir que la IA no sustituye al render del proyecto ejecutivo: se convierte en herramienta de ideación mucho antes de lo que nadie anticipaba.
«El riesgo no es que la IA proponga demasiado; el riesgo es que el arquitecto deje de filtrar»
Más allá de la imagen arquitectónica: el flujo completo
El gran salto para la arquitectura en el uso de la IA ha sido integrarla en todas las fases del proyecto: desde la primera llamada del cliente hasta la entrega de la documentación técnica. Por ejemplo, David Parra explica que trabaja con tres capas distintas de herramientas:
- En primer lugar, emplea los modelos de lenguaje, como ChatGPT y similares, «sobre todo a modo de asistente, con la creación de GPTs personalizados. Por ejemplo, tengo un asistente del Código Técnico de la Edificación (CTE) u otro que me genera propuestas en planta para proyectos de reformas».
- Luego pasa a emplear IAs visuales (Midjourney, Nano Banana, RendAir), que le sirven tanto para explorar opciones conceptuales como para ajustar materiales y mobiliario en las imágenes finales.
- En un tercer nivel, Parra aplica las automatizaciones construidas sobre herramientas como Make, que le permiten, por ejemplo, generar en segundos una memoria de acabados a partir de un único plano.
«El kit mínimo que suelo recomendar», resume Parra, «es LLM, más IA visual, más automatizaciones. Por ejemplo, ChatGPT más RendAir y Make. Pero depende del estudio, de qué hagan exactamente y de cuáles sean sus flujos de trabajo».
El matiz es importante: no hay una respuesta universal. Un estudio que trabaja en BIM riguroso necesita un stack distinto al de uno que opera en pequeña escala sin modelado paramétrico.
Armox ha apostado por resolver precisamente esa complejidad de integración. Su lienzo de nodos conectables permite encadenar más de 50 modelos (Flux, Stable Diffusion, Kling, Runway, Sora, entre otros) sin necesidad de moverse entre aplicaciones distintas ni de saber programar.
«Eso es muy distinto a usar ChatGPT por un lado, Midjourney por otro, y luego un editor de vídeo», apuntan los hermanos Palazón, que añaden que «nosotros unificamos todo el flujo creativo en un solo lienzo donde los datos fluyen entre nodos de forma visual e intuitiva. El arquitecto piensa en su proyecto, no en la tecnología».
Vicente Molina, por su parte, lanza una reflexión ante el volumen de trabajo que se puede llegar a procesar en este nuevo panorama: «la IA puede producir veinte caminos en una tarde, pero alguien tiene que decidir cuáles son coherentes con el lugar, el cliente, la normativa, el presupuesto y la manera de trabajar del estudio». El docente de Sert puntualiza que «el riesgo no es que la IA proponga demasiado; el riesgo es que el arquitecto deje de filtrar».
«La arquitectura no se vuelve menos humana por usar IA, se vuelve menos humana cuando dejamos que la herramienta decida por nosotros»
Los despachos ya han integrado la IA en sus procesos de creación, como vemos, pero pocos tienen en cuenta los requisitos de transparencia del AI Act europeo, que se aplican a partir del 2 de agosto de 2026. La norma obliga a informar al usuario cuando interactúa con un sistema de IA y a identificar el contenido generado o manipulado por IA mediante un marcado legible por máquina que permita reconocer su origen.
Armox trabaja ya para facilitar ese cumplimiento e ir más allá de la etiqueta básica. «Nuestro objetivo es que un arquitecto que use Armox en una licitación pública pueda demostrar de forma transparente qué parte de su entrega fue generada con IA, con qué modelo y a partir de qué inputs», explican Alex y Mireia Palazón.
La trazabilidad de la IA en el proyecto deja de ser una opción ética para convertirse en un requisito legal.
El rol del arquitecto en un mundo dominado por la IA
Si las herramientas de inteligencia artificial van interviniendo en las diferentes fases de un proyecto, ¿dónde queda el rol del arquitecto? David Parra responde con una frase que tomó prestada de Wolf Prix, fundador de Coop Himmelblau, que dijo que la IA es «el mejor coworker del estudio», lo que «nos recuerda continuamente que al final somos nosotros quienes firmamos el proyecto, y el criterio y la intención de diseño por nuestra parte va a ser más importante que nunca».
Un ejemplo de cómo el arquitecto sigue siendo indispensable es cuando es el cliente quien llega a una primera reunión con imágenes generadas por Midjourney como briefing visual. Un caso así para Parra, lejos de ser un problema, es una oportunidad, «es una manera sencilla y divertida de que el cliente se involucre en el proyecto. Nos pone en posición de curator y educador: sabiendo explicar qué vale, qué no vale y sobre todo por qué».
Así que el pensamiento crítico del arquitecto no desaparece, sube en la cadena de valor.
«Las IA capaces de generar modelos 3D a partir de imágenes son el próximo cambio de paradigma. Empiezan a funcionar bien para pequeños objetos de mobiliario o grandes masas de edificios sin definición, pero para un proyecto profesional completo aún están lejos».

El próximo cambio de paradigma: IA capaz de generar modelos 3D a partir de imágenes. (Magnífic)
Hacia la agentización y los modelos 3D
Si hay un consenso entre los profesionales consultados, es que las herramientas más disruptivas todavía no han llegado. David Parra apunta a las IA capaces de generar modelos 3D a partir de imágenes como el próximo cambio de paradigma. «Aún no están muy desarrolladas, empiezan a funcionar bien para pequeños objetos de mobiliario o grandes masas de edificios sin definición, pero para un proyecto profesional completo aún están lejos». De todas formas, baraja un horizonte temporal relativamente cercano de unos dos años.
Más allá de la generación 3D, empieza a perfilarse otro salto: la agentización de los estudios. La progresión es clara: del uso puntual de herramientas, a las automatizaciones que encadenan tareas, y de ahí a agentes capaces de orquestar fases enteras del flujo de trabajo con cierta autonomía. Es un terreno todavía incipiente, pero que lleva al extremo la advertencia de Molina: cuando un agente puede ejecutar una cadena de decisiones, lo decisivo deja de ser qué se genera y pasa a ser quién gobierna y valida lo que se ejecuta. Cómo afrontar esa transición (espectro de madurez, stack mínimo y hoja de ruta) merece un artículo propio...
Molina añade una reflexión interesante sobre el equilibrio entre las nuevas herramientas y el rol del profesional, «si no tienes criterio, la herramienta te arrastra. Si lo tienes, te permite pensar con más amplitud y llegar antes a decisiones más sólidas».
La pregunta ya no es si la IA tiene un papel en la arquitectura. La pregunta es qué papel quiere tener cada arquitecto en un sector que, como tantos otros, vive un cambio muy profundo.
Como asegura Molina, «la arquitectura no se vuelve menos humana por usar IA, se vuelve menos humana cuando dejamos que la herramienta decida por nosotros».