Construcción de la nave de la fábrica Floris i Busquets de Canet de Mar, c. 1914-1916. Autoría desconocida. Fondo: Diputació de Barcelona (CAT AGDB R. 2718)
Los archivos que guardan la memoria de la arquitectura catalana
Un tesoro de millones de documentos sobre arquitectura catalana de los últimos dos siglos. Es el rico patrimonio arquitectónico y cultural que custodian el Arxiu Històric del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC) y el Archivo General de la Diputació de Barcelona (AGDB). Sus responsables, Andreu Carrascal y Jordi Vilamala, nos explican qué guardan y por qué son tan interesantes para arquitectos, estudiantes e investigadores.
Todos los arquitectos saben que detrás de cada proyecto hay un proceso (encargos, bocetos descartados, presupuestos, correspondencia con industriales, permisos municipales) que, para los futuros profesionales, puede ser un testimonio único que les ayude en su trabajo. Muchas veces estos documentos no han sobrevivido al final de un proyecto, pero dos instituciones muy cercanas guardan fondos con materiales de gran valor: el Arxiu Històric del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC) y el Archivo General de la Diputació de Barcelona (AGDB).
En el año en que Barcelona es la capital mundial de la arquitectura, ambas instituciones han reforzado su trabajo de digitalización y difusión. Hemos hablado con Andreu Carrascal, archivero del COAC, y con Jordi Vilamala, jefe de la Oficina de Archivo y Gestión Documental de la Diputación de Barcelona, para entender qué guardan exactamente sus fondos y por qué deberían interesar a cualquier profesional o estudiante de arquitectura.
Estos dos archivos custodian varios millones de documentos (planos, fotografías, expedientes de obra, memorias técnicas) que cubren casi dos siglos de arquitectura catalana, desde los primeros proyectos del siglo XIX hasta encargos prácticamente actuales.
El COAC posee un archivo que puede considerarse entre los cinco o seis archivos de arquitectura más relevantes de Europa, en una posición comparable a la del RIBA británico.

Obras de reconstrucción del Pont del Diable, 1961. Autoría desconocida. Colección Catálogo Monumental del Servicio de Catalogación y Conservación de Monumentos (CAT AGDB R. 176921)
Dos archivos, dos lógicas de conservación
La diferencia entre ambos fondos no es solo de origen, sino de naturaleza. El AGDB nació en 1820, cuando Francesc Quintana fue nombrado primer archivero de la Diputació, y desde entonces ha acumulado la documentación de una institución pública: actas, expedientes de obra pública, proyectos de los grandes equipamientos provinciales.
La colección del Catálogo Monumental del Servicio de Catalogación y Conservación de Monumentos (SCCM) es el embrión del actual Servicio de Patrimonio de la Diputació (SPAL). Hoy el AGDB gestiona 43 fondos de archivo, diez colecciones especializadas, más de 300.000 fotografías, 87 TB de documentación digitalizada y dieciséis kilómetros de documentación en papel.
Por su parte, el archivo del COAC es de naturaleza privada y profesional: reúne los fondos personales de despachos de arquitectos. Carrascal explica la diferencia con un ejemplo muy concreto. Un archivo público, dice, tiene «muchísima cantidad» de documentación porque conserva las licencias de obra de todos los edificios de la ciudad, pero el ayuntamiento solo exige plantas, fachada y poco más.
El archivo de un despacho, en cambio, comenta Carrascal, «conserva todo el proceso: desde la primera carta de un cliente hasta la entrega de la obra, pasando por proyectos descartados, facturas de industriales o catálogos de materiales».
Por eso, aunque el COAC custodia «sólo» 216 fondos, Carrascal sostiene que en términos de calidad documental «no hay ningún archivo de arquitectura equivalente en toda la península», y que a escala europea el COAC debe situarse entre los cinco o seis archivos de arquitectura más relevantes, en una posición comparable a la del Royal Institute of British Architects (RIBA) británico.
«El Catálogo Monumental de la Diputació de Barcelona documenta edificios y monumentos de toda Catalunya, incluyendo algunos que hoy han desaparecido»

Construcción de las Llars Mundet, c. 1955. Autoría: Joan Francès Estorch. Fondo: Diputació de Barcelona. (CAT AGDB R. 18014)
El Catálogo Monumental: el patrimonio catalán fotografiado entre 1915 y 1980
Uno de sus puntos más destacados de la Diputació de Barcelona es el Catálogo Monumental, dirigido inicialmente por Jeroni Martorell i Terrats. Vilamala destaca que «se trata de una iniciativa pionera a escala estatal, concebida con la voluntad de inventariar, estudiar y proteger el patrimonio arquitectónico de manera integral y metódica».
El Catálogo Monumental fue elaborado entre 1915 y 1980, reúne más de 94.000 documentos, principalmente fotografías, pero también dibujos, grabados y material impreso, organizados en fichas territoriales por municipio y edificio, además de una sección temática dedicada a las artes aplicadas a la arquitectura: escultura, orfebrería, elementos metálicos, textiles.
Vilamala también subraya que la singularidad de esta colección reside, en una parte importante, en que documenta edificios y monumentos de toda Catalunya, «incluyendo algunos que hoy han desaparecido o han sido profundamente transformados». El Catálogo, explica, «se convierte no solo en un instrumento de catalogación, sino también en un testimonio histórico insustituible para la reconstrucción del estado y la evolución del patrimonio arquitectónico a lo largo del siglo XX».
Junto al Catálogo, el AGDB conserva otros fondos de interés directo para la arquitectura: el fondo 101 de la propia Diputació y el 105 de la Mancomunitat de Catalunya. Estos dos fondos incluyen la documentación de proyectos como la Casa de Maternitat, la Escola Industrial o las Llars Mundet, además del fondo personal de Jeroni Martorell.
En total, los fondos 101 y 105 cuentan con más de 7.000 documentos; y varios fondos fotográficos, como los de Narcís Ricart i Baguer, Frederic Juandó Alegret y Antoni Gallardo i Garriga. Estas imágenes son perfectas para conocer edificios y paisajes, tanto urbanos como rurales, de la provincia de Barcelona entre 1905 y 1960.
Asimismo, Vilamala señala una fuente menos evidente pero muy reveladora para historiadores de la arquitectura: los permisos de obra vinculados a las carreteras de titularidad provincial, que documentan construcciones privadas, muchas hoy desaparecidas, a lo largo de las vías gestionadas por la Diputació.
«La apertura de estos fondos a la ciudadanía no es solo un ejercicio de transparencia, sino también una apuesta por democratizar el conocimiento»

Vista exterior del pabellón de lactancia, c. 1925. Autoría desconocida. Fondo: Diputació de Barcelona. (CAT AGDB R. 50300)
El COAC: del eclecticismo a la Escuela de Barcelona
Si el AGDB ofrece la mirada institucional sobre el territorio, el archivo del COAC permite reconstruir, despacho a despacho, la evolución de la arquitectura catalana. «Puedes ver edificios que son puntales de esta disciplina aquí», señala Carrascal.
El responsable del archivo del COAC destaca obras como el seminario de Elies Rogent y la documentación de la Exposición Universal de 1888. En su repaso, Carrascal explica que también cuentan con documentación de proyectos de Josep Domènech i Estapà (junto a Enric Sagnier en algunos casos, como el Palau de Justícia) como la cárcel Modelo, el Hospital Clínic, o de Lluís Domènech i Montaner, como el Palau de la Música y el Hospital de Sant Pau. En todos ellos se encuentran estilos arquitectónicos que van del eclecticismo al modernismo, por citar solo dos ejemplos.
El recorrido por el material disponible en este fondo sigue con el noucentisme de los hermanos Puig Gairalt, el racionalismo del GATCPAC (con arquitectos como Bonet Castellana, Torres Clavé, Illescas o Rodríguez Arias) y llega hasta la llamada Escuela de Barcelona, representada en fondos como el de MBM (Bohigas, Martorell, Mackay), Cantallops o Elias Torres.
El archivo conserva también materiales de arquitectos no catalanes que decidieron depositar aquí su legado, como el madrileño Fernando Higueras, o fondos atípicos como el de John Turner, urbanista pionero en el estudio de la autoconstrucción en Sudamérica, o el de Xavier Valls, arquitecto municipal de Santa Coloma de Gramenet vinculado al urbanismo participativo. Completan el fondo dos archivos fotográficos centrados en arquitectura: el de Oriol Maspons y el de Lluís Casals, heredero de la mirada de Català-Roca.
«La próxima revolución llegará con la inteligencia artificial aplicada a la recuperación y distribución de información patrimonial»

Proyecto del Real Politécnico Hispano-Americano para actos académicos, 1929. Autoría: Joan Rubió i Bellver. Fondo: Diputació de Barcelona (CAT AGDB R. 3706)
Un patrimonio documental al servicio de arquitectos y estudiantes
Más allá de su valor histórico, ambos archivos tienen una utilidad muy concreta para quienes ejercen hoy la profesión. Vilamala lo explica con claridad: «esta documentación incluye fotografías, planos, informes técnicos y expedientes que permiten reconstruir con precisión la evolución constructiva y formal de los inmuebles». Todo este conocimiento puede resultar determinante para fundamentar criterios de intervención rigurosos en proyectos de rehabilitación o restauración.
En el COAC, Carrascal explica que el perfil de usuarios incluye arquitectos en activo que necesitan revisar un proyecto propio del despacho, estudiantes y doctorandos que estudian la obra de un autor concreto, y también ciudadanía sin vínculo profesional con la arquitectura que busca, por ejemplo, certificar el estado original de su vivienda.
Además, ambas instituciones han avanzado además en accesibilidad digital. El AGDB ofrece consultar parte de su fondo a Arxiu General en línia y del catálogo de su Biblioteca de Reserva.
En esta línea, el COAC trabaja en un nuevo gestor de bases de datos que facilitará la consulta remota de sus fondos. Además, Carrascal resume el cambio de paradigma que ha vivido la profesión de archivero en los últimos años, «de las fichas de papel descritas a lápiz se ha pasado a bases de datos que permiten consultar un documento en línea desde casa». La próxima revolución, apunta, «llegará con la inteligencia artificial aplicada a la recuperación y distribución de información patrimonial».
Como resume Carrascal, la función de un archivo «no es tanto guardar, sino preservar y difundir el material». Vilamala tiene una visión similar al señalar que la apertura de estos fondos a la ciudadanía «no es solo un ejercicio de transparencia, sino también una apuesta por democratizar el conocimiento».
Para quien estudia o ejerce la arquitectura, ambos archivos representan una fuente primaria todavía poco explotada: el lugar donde consultar, antes de intervenir sobre un edificio, cómo fue concebido, construido y transformado a lo largo de su historia.
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