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Biología del hábitat, el paso adelante en arquitectura saludable

Los edificios influyen de manera decisiva en la salud de las personas que los habitan. Los materiales, los sistemas constructivos y las instalaciones determinan la calidad del ambiente interior de las edificaciones. Invertir en una arquitectura saludable es invertir en la salud de las personas. ¿Todos los profesionales lo tenemos tan claro?

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“Somos lo que comemos”, dejó escrito a mediados del siglo XVIII el filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach. Y casi tres siglos más tarde, deberíamos añadir “y donde vivimos”. Los edificios en los que habitamos y trabajamos. Y es que, según datos de la OMS, un 80% de la población, especialmente quienes habitan en grandes ciudades, permanece el 80-90% de su tiempo en el interior de los edificios. Pero, ¿y si esas cuatro paredes fueran nocivas para nuestra salud?

Por ejemplo, más de la mitad del aire que respiramos en nuestra vida lo inhalamos en nuestros hogares. Por eso es fundamental entender cómo la arquitectura y los sistemas constructivos afectan a nuestra salud y bienestar. Solo así podremos reducir el impacto negativo que pueda tener sobre nosotros, y convertir nuestra vivienda en una aliada en el desarrollo óptimo de nuestras funciones orgánicas, bienestar y confort. En definitiva, en ser un activo para nuestra calidad de vida. 

En este sentido, la biología del hábitat o bioconstrucción es una disciplina, dentro del mundo de la arquitectura, “que estudia la relación del ser humano con su entorno edificado, centrando a las personas como seres biológicos en su hábitat. Y esta relación entre personas y entorno construido debe estar siempre en equilibrio”. Así lo explica Sonia Hernández-Montaño Bou, arquitecta y directora del posgrado “Arquitectura y salud” de Escola Sert.  

Entorno y vivienda perfectamente integrados

La biología del hábitat se centra en la relación del ser humano con su entorno edificado. (GettyImages)

Materiales más saludables

El concepto healthy ha dejado de ser una etiqueta del marketing para convertirse en un estilo de vida. Y como tal afecta a la alimentación, la moda, la decoración, la cosmética… y por supuesto a nuestras viviendas, a las que pedimos, cada vez más, que además de bonitas sean saludables. 

La elección de materiales de construcción naturales, como la madera, la cerámica, las arcillas…, es clave. ¿Eso quiere decir que debemos prescindir del hormigón como sistema constructivo en pro de la madera, tan de moda?

“Cada material tiene sus propiedades, lo importante es saber sus ventajas e inconvenientes para poder equilibrarlos. Por ejemplo, si apuestas por hacer una estructura de madera, deberás saber que la madera, al ser poco densa, amortigua muy poco los campos electromagnéticos, cosa que sí hace, en cambio, el hormigón, porque es más denso. Pero en cambio, para una estructura de hormigón, como tiene muchas masas metálicas, deberás asegurarte que esté muy bien conectada a la toma de tierra. Lo importante es conocer los condicionantes de cada material para minimizar los contras y potenciar los pros”, explica Sonia de manera didáctica. 

Los materiales, el tipo de equipamiento, la presencia de metales, la iluminación artificial o la instalación eléctrica, determinarán la calidad ambiental del edificio en relación con la salud de sus habitantes.

En este sentido, también hay que destacar la importancia de conocer las propiedades físicas de los materiales, sobre todo de los acabados de superficie (suelos, paredes y techos) para usarlas a tu favor. 

Por ejemplo, la cerámica tiene mucha capacidad de transmitir la temperatura, por lo que puede ser una medida refrescante si la colocas en una zona poco soleada. El revoco de arcilla o de cal o la madera, por su parte, contribuyen a regular el confort del aire interior, porque ayudan a la higrotermia. “En cambio, unas paredes con un vinilo o un pavimento sintético son inertes, no aportan nada a la calidad del ambiente interior”, apunta Sonia, directora también del estudio especializado Arquitecturasana.

Chica en balcón de Barcelona

Según la OMS, cerca del 80% de las ciudades del mundo superan los límites de contaminación. (GettyImages)

Materiales con propiedades

En la misma línea se expresa Roser Ollé, arquitecta especializada en arquitectura y salud, que es de la opinión que en lo que debemos prestar una especial atención a la hora de elegir los materiales es en lo que tiene más superficie en nuestro hogar, como los suelos, las paredes y los techos: “Las cosas que tocamos, como el suelo si andamos descalzos por casa, es en lo que debemos prestar más atención. Porque nos conecta con lo que somos, y somos naturaleza”.

En cambio, si vivimos rodeados de pintura plástica y de un suelo sintético, explica Roser, “no nos reconocemos. Es una cuestión de salud, porque, si los acabados finales son naturales, no emiten toxicidad en el aire. La calidad del aire interior depende, en gran medida, de estos materiales. Merece la pena cuidar su elección, porque hay casas cuyos niveles de contaminación del aire son mayores dentro que en el exterior. Y esto es un problema grave para la salud”. 

Otro aspecto clave es el equilibrio y la coherencia constructiva: “Construir una vivienda con una estructura de madera no la hace, per se, más saludable. Dependerá del resto de materiales con los que la revistas, que deben ir en sintonía. ¿De qué sirve apostar por un esqueleto de madera si eliges pinturas plásticas, suelos laminados y muebles sintéticos? La calidad del aire de esa vivienda se resentirá, a pesar de la estructura de madera”, añade Sonia. 

Una arquitectura que ayude a respirar

Es un hecho: la calidad del aire que respiramos deja mucho que desear. Es más, según la OMS, cerca del 80% de las ciudades del mundo superan los límites de contaminación, y 9 de cada 10 personas respiran un aire insalubre. Estos datos son especialmente alarmantes si tenemos en cuenta que el aire que respiramos es clave en la regulación del metabolismo celular. 

Son muchos los factores que influyen en una mala calidad del aire:

  • Alta concentración de habitantes en las ciudades. 
  • Aumento del consumo energético per cápita.
  • Combustibles contaminantes.
  • Contaminación atmosférica.
  • Materiales de construcción “tóxicos” (siempre según normativa) y productos sintéticos.
Arquitectura saludable

Un acto tan sencillo como ventilar influye decisivamente en la calidad vida de una vivienda. (GettyImages)

 

Y, dentro del hogar, se suma otro factor de vital importancia: una mala ventilación. De hecho, “el 45% de las viviendas de Catalunya están afectadas por la humedad, y en muchos casos la situación empeora debido a una mala ventilación”, explica Sonia. Y la presencia de humedades en una vivienda va más allá de un problema estético. Porque en ambientes con altos niveles de humedad –superiores al 65%– es fácil que proliferen ácaros y moho, causantes de diferentes tipos de alergias respiratorias y síntomas asmáticos. 

En este sentido, la experta en arquitectura saludable reflexiona sobre la necesidad de que el usuario tome conciencia de cómo un sencillo acto como ventilar puede mejorar la calidad del aire de tu casa. “En la salud del parque de viviendas, los arquitectos tenemos parte de responsabilidad, por la forma en que hemos proyectado o rehabilitado una vivienda. Pero también debe haber un empoderamiento de los usuarios para cuidar su hábitat y, con ello, su salud”. 

"Debe haber un empoderamiento de los usuarios para cuidar su hábitat y, con ello, su salud"

Sonia Hernández-Montaño Bou

Arquitectura saludable vs. Arquitectura sostenible

“Es importante diferenciar sostenibilidad medioambiental y salud de las personas. Por ejemplo, un material constructivo fabricado a base de plásticos reciclados puede ser muy sostenible, ya que se está reutilizando un desecho, pero será poco saludable para quien va a vivir en esa casa. Debemos pensar en la vivienda como una tercera piel: la primera es la epidermis, la segunda es la ropa que usamos y la tercera es nuestra casa”, puntualiza la arquitecta Roser Ollé.   

En la misma línea se expresa Sonia Hernández-Montaño Bou, que es de la opinión que la arquitectura va incorporando diferentes elementos en cada momento histórico según las nuevas necesidades de la sociedad. Y en los últimos años se ha potenciado incluir aspectos de sostenibilidad medioambiental. “Pero la sostenibilidad se ha entendido, sobre todo, como reducción de consumo energético y de los gases del efecto invernadero. Y esto es una mirada reduccionista, que no coloca en el centro a las personas, que es lo que defiende la biología del hábitat”.  

La arquitectura climática vs. Las máquinas

¿Debemos reducir el consumo energético? Por supuesto, responde Sonia. Pero debe hacerse teniendo en cuenta que hay unas personas que van a vivir o trabajar en ese edificio. “Para reducir el consumo no vale todo. Cuando se introduce un cambio, muchas veces no se presta atención a qué otros aspectos secundarios derivan de esa transformación. Por eso, la mirada que lo engloba todo se encuentra en la biología del hábitat, porque, situando a las personas en el centro, también integramos aspectos de sostenibilidad”, añade. 

Un ejemplo son las casas pasivas, un concepto que se ha importado del norte de Europa, donde su clima extremo no es nada parecido al nuestro y que busca la máxima eficiencia energética con casas muy herméticas. “En nuestras latitudes, de temperaturas suaves, ese concepto de casa pasiva no tiene tanto sentido, o debe repensarse y adaptarse a un entorno más cálido y con una tradición arquitectónica distinta. Es positivo reducir los recursos activos, pero no todos los criterios ‘pasivos’ son igual de válidos”. 

Por ejemplo, dentro del concepto “pasivo, será una máquina quien decidirá cuándo ventilar o cuándo encender o apagar las luces. Pero eso significa, por un lado, perder el control, que cedemos a la tecnología; y por otro, meter más máquinas en casa, con lo que esto conlleva”, sostiene Sonia. “La arquitectura bioclimática, la tectónica y los materiales, con sus prestaciones, por ejemplo, para acumular calor o para absorber la humedad, tienen parte de la respuesta pasiva. No siempre debemos buscarla en las máquinas”, opina. 

Las plantas ayudan a un habitat sostenible

La presencia de naturaleza en nuestras casas ayuda a relajarnos. (GettyImages)

El papel de la arquitectura en la salud mental

Como se ve, la arquitectura saludable prevé variables físicas (estática, radiaciones, acústica), biológicas y químicas (emisiones, CO₂). Pero la salud es también un estado mental y emocional

Así lo apunta Sonia, para quien es necesario trabajar también desde este punto de vista. Y la manera es la aproximación a las neurociencias aplicadas a la arquitectura

Se habla de las neurociencias y de las respuestas cognitivas respecto a algunos estímulos. “Lo que hace la arquitectura es intentar integrar diferentes conocimientos. Por ejemplo, la biofilia, la presencia de la naturaleza, del ‘verde’, nos relaja y nos permite una mejor concentración. El diseño de un espacio puede hacer incluso que las relaciones entre personas mejoren. Por eso los espacios de trabajo han cambiado mucho. Ahora se busca que haya mejor comunicación”, explica Sonia.

Pero esa visión va más allá de una oficina y de desjerarquizar los espacios. Por ejemplo, con personas con deficiencias cognitivas, como el alzheimer, si planificas el edificio ocultando la escalera, no tendrán ganas de salir de casa (con la posible desorientación de la persona o que se pierda), porque no recuerdan ni siquiera que hay una escalera. “¿Qué trazados hacen que te sientas más a gusto? ¿Por qué tradicionalmente la cocina y el lavadero han sido espacios residuales, con lo que ayudan a perpetuar las estructuras de rol? Hay que cambiar el chip y generar unas nuevas relaciones. Todo esto es biología del hábitat, porque forma parte de una respuesta más subjetiva que se puede cuantificar e integrar. En el fondo, todas estas variables tienen en común que se trata de salud pública. Esto mejora la calidad de vida de la población, se reducen las visitas médicas, ayuda a sentirse mejor”, ejemplifica Sonia.

Somos lo que comemos, y cada vez cuidamos más nuestra alimentación y valoramos el origen de lo que ingerimos y el efecto que tiene en nuestra salud. Poco a poco, también empezamos a ser conscientes de que somos donde vivimos. Cuatro paredes definen nuestra salud física y emocional. 

¿Qué podemos hacer? 

 

Natàlia Bosch
Redacció Escola Sert

 

Para saber más

Si quieres saber algo más sobre el tema, hemos seleccionado estos artículos que completarán tu visión sobre la arquitectura saludable:

Posgrado en Arquitectura y salud

Este programa te permitirá evaluar la incidencia de los factores que hemos analizado en el artículo sobre la salud de las personas y la calidad del ambiente interior de las edificaciones.

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